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La violencia
sexual y el maltrato físico constituyen dos problemas que aquejan a las
mujeres peruanas. Según Ana Güezmes, la violencia sexual contra la mujer
pasa por dos aspectos fundamentales: la salud y la educación. "Se
necesita trabajar en muchos sectores y con responsabilidades claras.
Pero los campos de la salud y la educación deben constituirse en
prioridades del Estado. Solo como dato puedo decir que el tema de la
violencia sexual es abordado ligeramente en el currículo de los
colegios. Allí hay que tomar medidas. Se necesita reactivar la
educación sexual desde una perspectiva comprensiva y considerando la
sexualidad como una dimensión de la vida, que no solamente sea un
enfoque de temas de anticoncepción, sino más integral".
El 23% de las
mujeres de Lima y el 47% de Cusco reportan haber sufrido violencia
sexual por parte de su pareja. En tanto, el 15% y 28% de ambas ciudades,
respectivamente, han sufrido violencia física durante el embarazo. Estas
cifras son parte del “Estudio multicéntrico sobre violencia de pareja y
salud de las mujeres” de la organización Mundial de Salud.
Güezmes afirma
que las consecuencias de la violencia sexual son varias, entre ellas los
embarazos no deseados, los riesgos de adquirir enfermedades de
transmisión sexual o el virus del Sida.
“Otro problema
que se suma a la violencia sexual es la penalización del aborto”, señala
Güezmes. El aborto clandestino representa una de las principales causas
de mortalidad materna, muchos de estos embarazos son producto de una
violación.
Asegura que no
hay que olvidar los efectos indirectos de la violencia. Por ejemplo, una
mujer que vive en violencia (sea física o sexual) tiene menos
posibilidades de utilizar anticonceptivos con su pareja. Muchas los
hombres se imponen sobre ellas y no les permiten usar métodos.
Sin
duda, el problema es complejo. Y Güezmes insiste en que la solución no
se abrirá paso si antes no impulsamos el sector Salud y la educación.
Las autoridades tienen la palabra.
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