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Tanto
la mujer, víctima de la violencia, como el hombre agresor, pueden salir
del círculo de la violencia con la ayuda apropiada.
La
violencia familiar afecta a 6 de cada 10 mujeres peruanas. Es un
problema que ya no puede ser considerado como privado, porque influye
sobre la salud y la integridad de las mujeres, así como de las niñas y
niños. Pero ¿por qué existe la violencia familiar, cómo es que se llega
a este tipo de violencia?
La
violencia es
aquella conducta realizada con
el uso de la fuerza física y/o la intimidación psicológica con el
objetivo de causar un daño corporal, intimidar o disminuir la autoestima
de una persona, a quien va dirigida la violencia. La violencia puede
ser física, psicológica o también sexual. Se ve a menudo otro tipo de
violencia, la violencia económica, cuando la pareja no cumple con
atender las necesidades de alimentación, vestido, salud, etc. a los
miembros de su familia o cuando controla el salario de la víctima.
Todo este
proceso nace por causa de la necesidad de control del agresor. Es el
modo de dominar a la víctima.
La mayoría de
los casos de violencia familiar es de violencia del hombre hacia la
mujer. Según la perspectiva feminista, la violencia sirve para someter
a las mujeres y retenerlas en una posición de oprimidas y poder así
conservar el núcleo familiar determinado por el sistema patriarcal.
Estas relaciones de poder entre sexos determinan el rol que cumple el
agresor y la víctima, dentro de un acto de violencia.
La mujer maltratada
Después
de muchos esfuerzos para definir el perfil de la mujer maltratada, se
constató que no existe ningún modelo de víctima. Ella viene de todas
las clases socio-económicas, de cualquier edad, con formación o sin
ella. Todas las mujeres son susceptibles de ser víctimas un día.
Hay tres grupos de factores
que contribuyen a mantener a una mujer en su pasividad. La percepción
de la sociedad, según la cual el rol de la mujer es el de cuidar a la
pareja y a la familia, no importa el costo. Un segundo factor son las
características personales de la víctima; por ejemplo, las mujeres que
han sido victimas o que observaron comportamientos violentos en su
infancia tienden a reproducir el modelo de víctima en su vida adulta.
El último factor se
encuentra en las reacciones de las personas que están a su alrededor.
La mujer puede recibir comentarios que la hagan sentir aún más culpable
por todo lo que sucede en su relación de pareja, en lugar del apoyo que
requiere.
La pareja violenta
Como la mujer maltratada, el
hombre violento no tiene un perfil definido. Puede ser parte de
cualquier clase social, con educación o no, y tener cualquier edad. Es
un hombre que se adapta muy bien en los ámbitos sociales, por eso es
difícil reconocerlo.
El hombre violento tiende a
negar que tiene un problema de violencia. Prefiere justificarse, o
culpar a la mujer en lugar de enfrentar la realidad y cambiar.
Normalmente, el hombre violento tiene pocos amigos fuera del hogar y
concentra todo su afecto en la pareja, lo que lo lleva a querer
controlar todos los aspectos de su vida.
Terapia de la violencia
Cada uno de los dos actores
necesita impulsar un cambio para salir de la situación de violencia.
Para la mujer víctima es necesario recuperar la autoestima, reafirmarse
y expresar sus sentimientos, incluyendo la cólera. Hacia el hombre es
necesario cambiar la representación de su propia masculinidad.
Los dos actores de la
violencia familiar deben seguir la misma ruta de terapia; es decir,
empezar a hablar de sus propios pensamientos y reacciones frente a la
violencia en una entrevista individual. Después es necesario trabajar
el tema en grupo, para facilitar la identificación de los elementos que
influyen en su propia situación de violencia y reafirmarle que la
persona no está sola en este problema. Con el apoyo del grupo empieza el
trabajo sobre la autoestima y los mecanismos de defensa para comenzar a
deshacerse de ellos.
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